dilluns 27 de desembre de 2010

El niño en la banda

Leo en El País que hace años, allá en el Rosario natal de Messi, Lionel empezó a pisar las canchas escorado a la derecha, pegado a la cal de la banda, en la misma posición en la que se dejó ver en sus primeras apariciones en el Camp Nou. Leo que si así fue, no tuvo demasiado que ver con sus características como futbolista, sino con la conveniencia de que el minúsculo Messi jugará cerca de las gradas desde donde le seguía con la mirada su madre. El argentinito que un día abriría la boca del mundo se hizo extremo por el temor de su entrenador de que en un momento del juego el niño futbolista quedara arrinconado por el niño a secas y se rompiera la magia de un buen escorzo por la irrupción de una llantera inesperada o el temblor del liliputiense entre gigantes.

Leo el artículo y me viene a la cabeza el recuerdo de planos perdidos de retransmisiones deportivas con el rostro de Messi, serio, concentrado, ceñudo incluso. Expresión idéntica a la de cualquier otro niño enfrentándose a los trabajos de Hércules que los adultos miramos con condescendencia, divertidos y enternecidos por el esfuerzo que dedican a las aparentes naderías de sus juegos.

Messi sigue jugando, con esa misma concentración que todo niño sabe hay que dedicar al juego. Nada parece haber cambiado, salvo que alrededor de su juego, todos nos hemos convertido en niños. Serios, concentrados, ceñudos, incluso, ante la aparente nadería de unos tipos persiguiendo un balón...afortunadamente, el fútbol siempre fue cosa de niños.

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