El Madrid se hizo con el liderato hilvanando un precioso ejercicio de domesticación de la electricidad. Se diría que empieza aceptarse a sí mismo y ha dado, finalmente, con la respuesta a la peliaguda cuestión ontológica que desde hace años le atormenta en perpetua búsqueda de su identidad. El Real Madrid se ha encontrado. Se ha reconocido en el espejo cuando ha optado, ahora ya abiertamente, por situarse frente a un escenario de verticalidad desbocada, de vértigo y filos afilados; de cornisas estrechas donde el resbalón fatal siempre es una posibilidad cierta.
El Real Madrid se ha encontrado y lo ha hecho a espaldas de la voluntad de su entrenador. Pellegrini no se aferra a una Idea. Más bien se diría que sufre de anemia en lo tocante a la imaginación y raquitismo en lo que se refiere a la creatividad.
Mantiene impertérrito su apego por un esquema que ha dado sobradas muestras de ser un pozo sin fondo. Se empecina en canalizar su juego a través de una dupla, Lass-Alonso, titubeante en su faceta de creación y profundamente imperfecta como muro de contención.
El equipo blanco necesita del toque a rebato para ser capaz de emitir todos los destellos que, en buena lógica, ha de poseer un conjunto tan exuberante en calidad. Demanda su juego transiciones fugaces y mantener el balón permanentemente en las inmediaciones del arco contrario. Cuando no lo consigue, su fútbol, por improbable que pudiera parecer, se torna extrañamente romo y su respiración se torna un abrir-cerrar casi desesperado de branquias.
Mira Pellegrini desde el banco y parece no entender. Titubear. El centro del campo se le aparece como una ciénaga indescifrable, un misterio irresoluble. Observa sin querer ver que su dibujo es apenas un borrón, con la media y la delantera separadas por una inmensidad de vacío, con el equipo estirado hasta lo inconcebible. Mira y mira y es sólo por casualidad que cae en la conclusión de que son tipos como Guti quienes pueden hacer de esa inmensidad un espacio habitable; confortable, incluso. Un Eldorado desde donde habilitar a sus ilustrísimos compañeros para, como sucedió ante el Sevilla, crear una primoroso mosaico de recursos ofensivos. Mira y mira, y es sólo por casualidad…
diumenge 7 de març de 2010
Pellegrini, piano desafinado (Claroscuros)
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