El elogio, aún merecido, incluso siendo sincero, puede llegar a ser tan ponzoñoso como la más afilada de las críticas. Al Real Madrid no le bastó con el favor de la aritmética y la brillantez de sus números para hacerse acreedor de alabanza. El pragmatismo de Pellegrini, hombre formado en un campo, la ingeniería, donde el cálculo lo es todo, irritó mucho más de lo que convenció cada vez que intentó parapetarse en la estadística para esquivar críticas y defender su labor y la de sus jugadores.
Los aplausos que la afición blanca se resistió a verter frente al espectáculo pálido y tibio de las victorias maquinales de su equipo cundieron con generosidad precisamente cuando no había victoria que celebrar. Cuando lo que correspondía era buscar el modo de liberar la boca del rastro de amargura que deja la derrota frente al más aborrecido de los enemigos, la hinchada madridista encontró, por fin, motivo para el orgullo y razón para el contento.
Extraña situación.
Malas deben ser las horas en las aceras de La Castellana para que se paladee como una victoria una derrota ajustada. Para que se dé por buena la sensación de que el equipo no le perdió la cara al partido y brindó un buen espectáculo que bien pudo haber obtenido el laurel de un premio mayor.
El elogio al derrotado puede ser, ya lo decíamos, el reconocimiento de una gran miseria. Y en esta ocasión así lo parece.
Nunca se aplaudió al Madrid por no salir goleado de un campo, ni jamás se le intuyó mérito en no conseguir ni tan siquiera igualar el marcador enfrentándose a un equipo disminuido por una expulsión durante un buen trecho de la segunda parte.
Bien es cierto que no hay motivo para cicatear buenas palabras a la labor de los jugadores blancos en el feudo barcelonista, a su solidez en la práctica defensiva, el acierto mostrado en el ejercicio de la presión y la riqueza de matices y acentos que desplegaron a lo largo y ancho del frente ofensivo.
Glosar lo que de acertado hubiera en su actuación puede ser de justicia. Pero hacer de todo ello una monumental alabanza es una forma cercana a lo cruel de disminuir el presente, el futuro -e incluso el pasado- de un club como el Real Madrid.
Las victorias a los puntos son ajenas al balompié y las derrotas meritorias son el consuelo de aquellos a quienes la realidad no les da para soñar. Éste no debiera ser el caso del Real Madrid. Si lo es, muy malas son las horas en las aceras de La Castellana….
dimarts, 8 de desembre del 2009
Amarga alabanza
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