divendres 28 d’agost de 2009

El león domado


Parafraseando a Fray Luis de León y el célebre ‘como decíamos ayer’ con el que reemprendió sus clases en la Universidad de Salamanca tras pasar varios años en prisión, Guardiola inició el nuevo curso señalando la puerta de salida, ahora definitivamente, al camerunés Samuel Eto’o. Como si la mejor temporada en la historia del club azulgrana fuera poco más que un pestañeo, una menudencia incapaz de alterar sus convicciones.

A principios del pasado ejercicio, Guardiola hizo valientemente público su convencimiento de que el Barça ganaba más de lo que perdía prescindiendo de los servicios del camerunés. En sus planes, el destino de Eto’o corría paralelo al de Ronaldinho y Deco, desterrados ante la necesidad de acrecentar el hambre y la ambición del conjunto azulgrana. La continuidad del africano fue un trágala que, a pesar de las apariencias, parece haber alterado las digestiones del de Santpedor durante los meses más brillantes que el Barça ha conocido como institución balompédica.

Ni los títulos ni lo aparentemente intachable de la actitud de Eto’o han sido bálsamo suficiente para modificar el juicio inicial de Guardiola sobre la figura del africano. No había entonces lugar para él en sus esquemas de futuro y sigue sin haberlo. Como si nada hubiera habido de por medio.

En el tiempo que lleva como máximo responsable del primer equipo, Guardiola ha acumulado el crédito suficiente para merecer una confianza ciega en sus decisiones. Si no desea contar con el camerunés, sus buenas razones tendrá y, a bien seguro, poco o nada tendrán que ver con la aparente frivolidad de una falta de feeling entre los dos.

Sin embargo, siempre es conveniente mantener una parcela de razón crítica sin anestesiar. Y en mi particular parcela, la marcha de Eto’o es un rescoldo que humeará largamente.

Convertido en moneda de cambio en la operación que ha concluido con el aterrizaje de Ibrahimovic en Can Barça, el camerunés ha conocido esa puerta falsa que es la vía de salida habitual para las grandes figuras del club. Despedido con escasos honores y transformado en mero engranaje de un trueque en el que, sospecho, una vez más el Barça ha actuado como el más cándido de los visitantes del zoco futbolístico en el que, verano tras verano, los cromos cambian de mano con pasmosa facilidad.

Ojala yo mismo sea pronto víctima de la sinrazón que es el olvido, siempre fácil, en el mundo del fútbol. Espero que en breve el Barça vuelva con su juego a dar más razones para mirar esperanzados hacia el futuro que para volver melancólicamente la vista atrás en busca de los siempre dulces días perdidos. Mientras tanto, disculpen la rabieta. Creo que el trato dispensado a Eto’o no era el que merecía quien, citando a Pasolini, fue el mejor poeta del Camp Nou durante largos años.

Fotografía: Agencia Efe

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