divendres, 3 d’octubre del 2008

Anorthosis Famagusta, proeza desde el exilio

Cayó el muro de Berlín y, con sus escombros, los medios escribieron la crónica de una Europa donde ya no había paredes que dividieran. La estampa que conformaban miles de personas dejando atrás su encierro era tan hermosa, las imágenes tan poderosas y evocadoras, que resultaba tentador designar aquel momento histórico como punto y final de tanta vergüenza y sufrimiento. No importaba que en Europa aún quedara un muro en pie; que todavía hubiera cemento y hormigón dividiendo a gentes, marcando su existencia o pretendiendo borrar su pasado. Que ninguna verdad te robe un buen titular.

Pero hete aquí que la actual edición de la Liga de Campeones acude al rescate de la verdad y en su capítulo de actores más o menos exóticos (Cluj rumano, Bate Borisov bielorruso...) nos encontramos con el Anorthosis Famagusta para reverdecer nuestra memoria y recordarnos en el Mediterráneo, en Chipre, un muro todavía permanece en pie.

El Anorthosis, pequeño gigante en una liga liliputiense, vincula su nombre al de la localidad costera de Famagusta, donde nació hace poco menos de cien años. Pero no es allí donde juega sus partidos como local. Lo hace lejos, en Larnaca. A su ciudad no puede acudir, de allí marchó con la categoría de exiliado, buscando refugio en el otro extremo de la isla.

Desde 1974, Chipre está concienzudamente dividida. Siglos de tensión social y política entre la mayoría grecochipriota y la minoría turcochipriota acabaron con la intervención militar turca. Los soldados enviados por Ankara ocuparon la parte norte de la isla y propiciaron la creación de la República Turca del Norte de Chipre, una fantasmagórica entidad que no cuenta con más reconocimiento en la comunidad internacional que el que ofrece la propia Turquía.

Hubo sufrimiento a lado y lado; persecuciones, asesinatos y deportaciones masivas. Casi nunca es bueno jugar a las balanzas si lo que hay que medir es el dolor, pero no es injusto decir que a la comunidad grecochipriota le tocó el peor trago. Casi 200.000 personas de esta comunidad lo perdieron todo. Expulsados de sus casas, obligados a cruzar una frontera surgida de la nada, tuvieron que buscar refugio allí donde la cruel geopolítica determinó que era su sitio. El Anorthosis eligió Larnaca como lugar desde el que penar su nostalgia por la añorada Famagusta, en otros tiempos su hogar, ahora un espacio vetado.

En su primera participación en la Liga de Campeones, los chipriotas están dando continuidad al pequeño milagro que ya era su presencia en la fase de grupos. En la próxima jornada viajará hasta la glamourosa Milán para medirse con las huestes interistas de Mourinho. Y el objetivo no es hacer un papel digno o no salir dolorosamente goleados. El objetivo es la primera plaza de grupo. Lo impensable.

Ojalá su proeza -y lo que llevan hecho hasta ahora ya lo es- sirva para dar a conocer una realidad que, demasiado a menudo, ha sido cínicamente ignorada. En Europa aún quedan equipos que lucen en su escudo el nombre de localidades que no pueden pisar. No lo olvidemos.